Cada mayo, los cerros de Azapa, Lluta y Acha se iluminan con las Cruces de Mayo, una tradición afrodescendiente que mezcla espiritualidad, historia y vida comunitaria. Estas cruces de madera, decoradas con flores, estolas y velas, se alzan en altares familiares como símbolo de fe, identidad y conexión con los ancestros.
La celebración incluye cantos, rezos, peregrinaciones nocturnas con bandas de bronce y zampoñeros, misas, comidas típicas como el picante de mondongo y el chocolate caliente, además del infaltable compartir familiar. Cada cruz tiene su historia, y las familias preparan durante días este encuentro que reúne a personas de todas las edades.
Aunque el día central es el 3 de mayo, las festividades se extienden por semanas, llenando los valles de luz y música. Es una expresión viva del legado afroariqueño que sigue floreciendo con fuerza en cada cerro encendido por la fe y la memoria.

